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Declaración de humanidad

Esta Declaración se comenzó a escribir el primer dia de enero del año 2010 y es el mayor y más sincero deseo de este humilde servidor que nunca se termine de escribir, sino que se convierta en un documento vivo; que todos seamos sus autores y que camine con nosotros. Esta declaración se escribe bajo la única autoridad posible que la valide como verídica: Yo la escribo y yo soy humano. Soy uno de muchos, porque somos muchos, y es de ese punto de vista que se deben leer las palabras que forman este documento. No escribo esto con fin de que sea una expresión artística ni para lograr reconocimiento alguno. No escribo esto en nombre de ninguna persona o como representante de ninguno de los grupos, organizaciones, asociaciones, gobiernos, religiones, filosofías, ni en concierto con la miríada de conceptos, ideas, ideales, creencias u otras cosas que tanto nos gusta representar y que son simplemente creaciones nuestras. Escribo esto porque se tiene que escribir, para que todos lo podamos leer. Escribo esto porque no creo se ha escrito, y uno de nosotros tiene que escribir estas palabras. Quizás alguien ya lo escribió o posiblemente muchos lo han hecho ya, y si es así, entonces una vez más, esta Declaración sería una de muchas, como yo. Las palabras escritas aquí se presentan y se organizan en la forma más sencilla posible, con el fin de comunicar, con entendimiento absoluto y con  precisión total, algunas cosas básicas que todos tenemos en común. Todo lo que van a leer son cosas que ya sabemos, en algún lugar dentro de cada uno de nosotros; cada uno de nosotros. Estas palabras no son para mí, ni se tratan de mí, porque esto no se trata de ; se trata de nosotros. Todo se trata de nosotros, siempre ha sido así lo que a veces se nos olvida. No es importante que yo escribí esto, lo que importa es que nos recordemos de lo que ya sabemos, como por ejemplo; si a uno de nosotros se le olvida algo importante, le ayudamos a recordar. No es una cuestión del bien o el mal, es simplemente lo que se hace, al igual que lo que hacemos (o al menos lo que sabemos que deberíamos hacer) si la persona caminando delante de uno tropieza y comienza a caerse: se le ayuda a no caer. Puedes extender la mano y darle estabilidad para que no se caiga, o agarrarlos en el aire si ya están cayéndose. No requiere pensar, simplemente es lo que se hace. Lo que requiere pensamiento y análisis es convencerse a uno mismo que no es lo que se hace; que no es problema de uno, u otra excusa cualquiera. Cada uno de nosotros sabe esto.  Después de prevenir que se caiga el prójimo, podemos continuar caminando, o quedarnos conversando, o cualquier otra cosa -  lo que uno decida, no hay más nada. Todo lo que hemos hecho desde que empezamos a hacer cosas, lo hemos hecho porque decidimos hacerlo, porque lo escogimos; y eso lo hicimos porque podemos. Incluso podemos decidir no hacer lo que sabemos que deberíamos hacer, a pesar de que no sabemos por qué sabemos. Cuando se trata de nosotros, simplemente lo sabemos. Estas palabras tienen el mismo objetivo; es lo que se hace cuando otro necesita ayuda. Ayuda humana. Somos todo lo que tenemos, y por lo tanto estas declaraciones las hace uno de nosotros, a todos nosotros y para todos nosotros, porque es importante para todos nosotros.

 

Y ahora nos encontramos en un punto en la experiencia humana que tenemos que tomar decisiones. Cuando se trata de tomar una decisión, no hay una escala de valores de importancia, sólo el poder decidir es importante. Al final, nada de lo que existe en nuestra percepción es más o menos importante que cualquier otra cosa, nosotros decidimos la importancia que le damos las cosas y se las asignamos, porque podemos. Todos vivimos nuestras vidas juntos en esta realidad que creamos y de la cual huimos corriendo, antes de que nos mate. Si yo decidiera, como un individuo que también es parta de la raza humana, ver un poco más allá de lo que se me enseño y de lo que pensaba que creía: que soy el centro de mi universo y por lo tanto soy lo más importante en el universo,  quizás pudiera ver algo más que a mí mismo y mis necesidades. Esto no es fácil hacerlo. No es fácil abandonar la comodidad de la nuestra propia auto-importancia y prepotencia. Es difícil hacer esto porque tiene que ser verdad, y uno sabe cuándo es verdad.  Hay verdades que son muy difíciles de aceptar y podemos decidir no aceptar una verdad, aunque nuestra decisión no cambia de que sea verdad. Esto también lo sabemos. Todos, tarde o temprano, llegamos a ese lugar donde “yo” vengo primero, y ahí nos quedamos. Yo también me vi en ese lugar y estaba equivocado. Esto simplemente es la verdad; mi verdad; que al mismo tiempo es nuestra verdad, porque a todos nos une nuestra humanidad.  La verdad es gratuita, no cuesta nada y no se puede vender ni comprar. Como individuo, no tengo incentivo material para escribir esta declaración, fuera de la naturaleza absoluta de la verdad propia. Tampoco tengo obligación de confesar alguna equivocación. No hemos escrito ninguna ley que me lo exija, ni si quiera existe una costumbre que me lo obligue. No estoy vendiendo nada, no estoy intentando convencer a nadie sobre nada, ni existe “beneficio” material u de otro tipo para mi si escribo esto.  Lo hago por una razón singular y sencilla; para librarme de las ilusiones que son el resultado de todas las mentiras que nos hemos dicho a nosotros mismos desde que descubrimos que teníamos el poder de decisión. Todos sentimos lo mismo y sabemos esto, sin embargo creemos, seriamente, que mientras que nadie sepa lo que pienso, entonces estamos seguros y salvo.  Esto lo creemos con mucha fe. “Nadie sabe lo que pienso o que son mis intenciones, no lo que realmente quiero.  Nadie lo puede saber, así que puedo pensar solamente en mí, y a actuar de otra forma.  Nadie lo sabrá.   Decidimos creer eso y en el mismo momento que lo creemos, nos mentimos a nosotros mismos y ESO es complicado. Sin embargo, seguimos creyendo que nadie sabrá. Yo lo sé. Cada uno de nosotros sabe. Sé que me mentí y sé que por causa de esa mentira complique la vida de todos, pero no soltaba esa mentira porque era lo único que conocía.  Llevamos mucho tiempo haciéndonos esto. Tanto tiempo que parece que nos ha olvidado que ESTO, los escogimos nosotros. Simplemente nos olvidamos y al olvidarnos, creemos que las cosas que hemos creado son “reales” y por eso nos sentimos solos. Hay casi 7 billones de nosotros, y caso todos nos sentimos totalmente y completamente solos y con miedo y los que no quizás ya los hemos perdido.  Esto es verdad y todos lo sabemos y lo creemos, hasta que nos recordamos que solamente fue una decisión.  De igual forma, podemos darnos cuenta que podemos escoger,  y acto seguido simplemente tomar la decisión de escoger algo diferente.  Podemos escoger vernos a nosotros mismos, sin más nadie presente, y decidir: ya, basta.  Tiene que ser verdad esta decisión, y sabemos cuándo es verdad.  Es una decisión difícil. Verse uno mismo como realmente somos es vernos a todos ya que todos somos iguales.  Entonces, la pregunta es: Porque nos hemos hecho esto?  Porque lo hemos aceptado como real y además perpetuarlo. Al fin del cuento, no son mas que decisiones que tomamos nosotros mismos; decisiones individuales.  Nada puede cambiar la realidad que somos un colectivo compuesto de individuales.  Simplemente, no sabemos reconciliar “yo” y “nosotros”;  El precio de un instante de verdad es alto, si uno logra librarse de la esclavitud de la auto-decepción, casi siempre lo que encontramos en su lugar, esperando hacer acto de presencia explosivamente es el MIEDO y LA IRA. Es lógico sentir ira en ese momento.  Para la gran mayoría de nosotros, la vida es un suplicio de tormentos e injusticia, y no tiene nada de malo sentir ira, lo que nunca es permitido es darle rienda suelta; pero esto también lo sabemos.

 

Y es ahí; en ese espacio entre lo que fue y lo que es, que nos encontramos ahora.  Ya no podemos escondernos detrás de nuestra propia arrogancia o complejos de culpabilidad.  Todo lo que hemos hecho desde que empezamos a hacer nos hizo llegar a un lugar donde no tenemos que pararnos frente a un espejo, a solas, y tomar la decisión difícil de desvestirnos de nuestras propias mentiras; ya podemos ver claramente, y sentir plenamente, el peso inhumano de la suma total de todas las mentiras que nos hemos dicho hace miles de años, en cada uno de nosotros.  Las mismas mentiras que “nadie podrá saber” y las que nos “protegerían”.  Nuestras decisiones han logrado que no podemos ver en ninguna dirección sin tener que mirar, de frente, lo que esas decisiones han hecho de nuestra humanidad.  Esto lo sabemos todos y de cierta forma lo hemos sabido hace mucho tiempo, simplemente nunca hemos HABLADO del tema.  Lo hemos hecho muy difícil el poder hablarnos unos a los otros.  Ahora tenemos la tecnología, la cual nos permite ver a muchas otras personas en muchos lugares lejos; al principio a través de la televisión y ahora con nuestras computadoras, a través de las cuales nos podemos también hablar, sin importar las distancias.  Hemos creado una sala enorme; donde nos podemos ver unos a los otros y hemos visto lo mismo; todos lo hemos visto.  Hemos visto como nuestras decisiones nos han hecho sufrir y como se han convertido en un obstáculo a la felicidad.  Nos hemos hecho sufrir porque así lo decidimos. Hemos tomado todo lo que hemos creado, ya que con la excepción de nosotros mismos, nosotros hemos creado todo lo que existe a nuestro alrededor; todo lo que se vende, todo lo que compra, todo lo que se disfruta; y le hemos dado aparente vida, voluntad y autoridad.  Los tratamos como si fueran reales y lo creemos.  Y como si fuera poco, estas mismas creaciones nuestras exigen nuestra obediencia con autoridad.  Nosotros creamos todas estas cosas; cosas como la riqueza, el dinero, la autoridad, la soberanía, la jerarquía, la deuda, el valor, la posición, reglas y hasta la matemática.  Quizás solo fueron solamente unos cuantos de nosotros y hace mucho, mucho tiempo, pero no fueron más que decisiones con un poco de inspiración.  Cada vez que un humano le agrega un poco de inspiración a una decisión, tendemos crear algo.  Cosas como; la agricultura, el dinero, la música, la avaricia, la literatura, el egoísmo, la compasión, la irresponsabilidad, la envidia, los gobiernos, las religiones, la medicina, la riza, la soberbia y todo lo que conocemos.  Somos capaces de tanto. Por eso nos consume la ira cuando nos enfrentamos a nuestra propia verdad; la verdad que dice que hemos tomado decisiones malas y tampoco hemos hecho nada para cambiar esa realidad, todo el tiempo pudiendo haberlo cambiar con solo una decisión; una de escoger otra cosa.  Yo acepto esta verdad, y me causo ira.  Me puse bravo con migo y contigo y con todo el mundo.  Me sentí sin otra opción si no la de estar limitado a “mi” viviendo en el universo de “yo”. Hasta que me recordé que si la tengo.  Ahora veo que “yo” soy uno de “nosotros” y que nosotros somos lo que es importante.  Todos nosotros. 

Somos muchos, y es así por una simple y sencilla razón: es necesario.  Si no lo fuera, solamente habría uno de nosotros.  Con la inspiración creada por esa verdad, decido ahora hacer la primera declaración:

 

“Me perdono a mí mismo, por haber esperado hasta ahora para hacer esto: PARTICIPAR.  Perdono a cada uno de nosotros que no hizo nada o que contribuyo de lleno al estado inaceptable en que se encuentra la humanidad hoy.  Esto lo decido y lo declaro libremente y con el pleno conocimiento de que si me miento a mí mismo, causaría solamente destrucción.  Me perdono en la luz de la verdad, para que todos nos perdonemos; a nosotros mismos y unos a los otros; por el pasado, y así creamos la posibilidad de escoger un futuro diferente. Si yo puedo hacer esto y si es verdad, entonces todos lo podemos hacer.    Yo pude hacerlo y lo hice, en la luz de la verdad.  Y si yo lo puedo hacer, todos lo podemos hacer, si así lo decidimos.”

Podemos hacerlo mejor.

El resto está en manos nuestras.

Fin de la parte 1.

Escojamos, no excusemos.

 

 

Regresen pronto, habra mas!

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